Artículo técnico: La ICT, la infraestructura invisible
Recientemente ha finalizado la consulta pública sobre el Plan Nacional de Renovación de Edificios (PNRE). Hemos llegado a ella por los pelos, y esto supone un problema que debemos reconocer como propio del sector vinculado a las infraestructuras de los edificios. No hemos estado suficientemente atentos. Cuando un proceso de esta relevancia pasa casi desapercibido para nosotros, algo no está funcionando bien.

Tradicionalmente, cuando se piensa en los edificios y en el urbanismo —entendido como la interacción entre los edificios, sus ocupantes y el entorno— se hace desde una perspectiva fundamentalmente física y operativa. Se piensa en el edificio como una unidad constructiva, en sus sistemas HVAC (calefacción, ventilación y aire acondicionado), y en su integración dentro de un conjunto urbano: convivencia, gestión de residuos, flujos de personas, etc. El foco principal suele situarse en la movilidad y en las infraestructuras de transporte.
Sin embargo, muy pocos piensan en las infraestructuras técnicas que no se ven: las de los cables… y las de los “no cables”. Ni siquiera las eléctricas, que podrían parecer las más evidentes. La transición energética y la descarbonización —exigencias claras de las nuevas directivas europeas— implican el uso de fuentes de energía alternativas. En Europa, y especialmente en España, esto significa hablar de energía solar, cuyas células requieren nuevas infraestructuras energéticas integradas con las existentes.
Y si esta falta de atención ya se da en las infraestructuras eléctricas, nadie —o casi nadie— piensa en las infraestructuras de comunicaciones electrónicas, tanto físicas como inalámbricas. Las utilizamos constantemente, pero parece como si no hicieran falta infraestructuras para que existan. Los técnicos sabemos que las ondas electromagnéticas, aunque invisibles, y que se pueden transmitir de forma inalámbrica, incluso en el vacío, necesitan en muchos casos soporte: cables, sistemas, planificación. Están ocultas —y bien ocultas— y en los edificios suelen ser completamente desconocidas. Paradójicamente, esto tiene algo de positivo: si no se notan, es que funcionan. Un logro de la regulación, de la administración, de
los proyectistas y de los instaladores.
El marco europeo y la ausencia del sector
La Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD, Energy Performance Building Directive), publicada en abril de 2024 y cuya transposición completa es obligatoria antes de abril de 2026, exige que todos los Estados miembros presenten un plan viable de renovación del parque inmobiliario con el objetivo de alcanzar la neutralidad climática del sector en 2050, tal y como establece la Ley Europea del Clima de 2021.
Sin embargo, las organizaciones relacionadas con las infraestructuras de comunicaciones en los edificios no hemos participado – ni estamos participado – activamente en este proceso, a pesar de saber que en todos los procesos de renovación hay que cumplir con la norma de ICT y que, desde febrero del 2026 (es decir desde ya), debe garantizarse la distribución de F.O. (Fibra Óptica) en el interior de TODOS los edificios.
A mediados de 2025 se publicó una primera consulta pública sobre el PNRE y, lamentablemente, al sector de las comunicaciones se nos pasó por alto. Un fallo grave, ya que posteriormente se celebraron reuniones entre los sectores implicados… sin nosotros.
El texto publicado en noviembre para la consulta pública del PNRE apenas menciona las infraestructuras de comunicaciones, solo en el punto 4.4.1.7:
Estudio del régimen común voluntario de la Unión para la clasificación del grado de preparación para aplicaciones inteligentes de los edificios.
Aquí se hace referencia a regulación de instalaciones energéticas y al Smart Readiness Indicator (SRI), el índice que mide la preparación de los edificios para aplicaciones inteligentes. Un concepto que, claramente, se apoya en las comunicaciones electrónicas. Sin embargo, no se menciona en absoluto la necesidad de infraestructuras de comunicaciones ni su marco regulatorio: la ICT.
El SRI, es un índice que se obtiene de una matriz/tabla que cruza servicios/dominios (HVAC, monitorización, etc.) con criterios de impacto como la gestión energética, la adaptación a las necesidades del usuario —incluida la información a los usuarios— o la integración con la red eléctrica. Toda esta tabla está impregnada de digitalización (obtención de datos útiles) y de comunicaciones electrónicas. Pero el sector que las hace posibles no aparece.
Esta omisión es preocupante. No solo porque llegamos tarde —responsabilidad nuestra—, sino porque nadie nos ha echado en falta.
La respuesta del sector
Afortunadamente, la Comisión de Infraestructuras de Comunicaciones en los Edificios de AMETIC consiguió, en el último momento, trasladar la posición de una parte relevante del sector. La reflexión es clara y sencilla: no se puede mejorar lo que no se mide, y la monitorización —es decir, la digitalización— requiere infraestructuras de comunicaciones electrónicas.
La ICT, ampliada desde la Ley de Bases de 2022, desde su objeto anterior de telecomunicaciones a comunicaciones electrónicas, es hoy una regulación preparada para incorporar las infraestructuras necesarias para la digitalización de los edificios, algo imprescindible para abordar su renovación.
Propuestas del sector en relación con el PNRE

Desde el sector empresarial e industrial de las comunicaciones electrónicas en edificios, resumimos nuestras alegaciones en siete puntos clave:
1. Reconocimiento del sector: solicitamos que se tenga en cuenta en el PNRE —especialmente en el punto 4.4— y en la transposición de la EPBD, tengan en cuenta al sector de las comunicaciones electrónicas y a su regulación básica, la ICT, incluyendo también la norma complementaria en elaboración en el CTN133/SC1, UNE 133100-8, ““Norma técnica de infraestructuras de telecomunicaciones para edificios adaptados a la fibra óptica” para asegurar la distribución de fibra óptica en el interior de TODOS los edificios (no solo aquellos que disponen de ICT), de ahí la necesaria de la norma complementaria.
2. Medición como base de la mejora: como decía Lord Kelvin, “lo que no se mide no se puede mejorar”.
3. Digitalización y monitorización: una medición eficaz exige sistemas de digitalización y monitorización.
4. Integración de medidas: proponemos un enfoque integrado mediante una única pasarela de edificio, un único nodo IoT que concentre todas las mediciones, permitiendo un análisis global y la modelización del edificio como un todo.
5. Solución consolidada: hay una propuesta del sector y está consolidada con normas nacionales e internacionales en vigor, y consensuada. No es necesario inventar nuevas soluciones; ya existen y se han desarrollado en España.
6. Marco regulatorio adecuado: esta propuesta debe integrarse en la regulación de infraestructuras de comunicaciones electrónicas como una nueva vertical de servicios esenciales —datos que hacen posible una mayor seguridad, una mejor habitabilidad (considerando datos que afectan a la salud), y una mayor eficiencia energética—, y esta regulación es la ICT, y no debe crearse una normativa paralela.
7. Implantación homogénea y de calidad: Su integración en la ICT garantiza una implantación generalizada, homogénea y con un nivel mínimo de calidad en todos los edificios, independientemente de su uso. Los datos definidos son esenciales, conforme a la EPBD y a normas como la de la UIT, la L.1370 (“sustainable and intelligent building services”, servicios (casos de uso) de edificio sostenible e inteligente).
Conclusión
Nos gustaría que los ministerios implicados tengan en cuenta las comunicaciones electrónicas. Es imprescindible cumplir con los reglamentos de la ICT y con la norma UNE 133100- 8 (en proceso de redacción definitiva). Hoy no existe desarrollo socioeconómico posible SIN comunicaciones electrónicas.
Y además el sector está proponiendo soluciones reales para la transposición de las directivas europeas, basadas en la digitalización de los edificios, y la obtención de datos para mejorar su seguridad, habitabilidad, y, naturalmente, su eficiencia energética para alcanzar la neutralidad climática en 2050.
La propuesta del sector —el edificio monitorizado y conectado— es fruto de la colaboración entre organizaciones, empresas e industrias del sector y la Administración, incorporando su viabilidad en la LGT. Tiene enorme potencial de impacto en la creación de riqueza, y en el beneficio para el desarrollo socioeconómico de las unidades de convivencia en las que se integre.
Solo falta concretar su implantación. Y esa decisión creemos que ya no debe —ni puede— esperar.

José Luís Fernández Carnero
Presidente de la Comisión de Infraestructuras de Comunicaciones Electrónicas y Servicios Digitales de los Edificios
AMETIC
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Noticia publicada en el número 137 de nuestra revista EL INSTALADOR DE TELECOMUNICACIONES















